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La poesía resiste a la aspereza pese a la crisis venezolana

Entre mensajes políticos y pedidos de ayuda para conseguir medicamentos se cuelan en las cuentas de venezolanos en Twitter versos de Miguel de Unamuno o de Eugenio Montejo. Son los amantes de la poesía, que la defienden en todos los espacios.

Una biblioteca especializada, un premio de poesía joven, talleres de escritura y de traducción, y la cuenta Twitter, todo se apiña en las tres pequeñas oficinas de Caracas de la Fundación La Poeteca, en proceso de mudanza a locales más amplios.

Un “desierto” literario

“La Poeteca surgió a partir de una cuenta Twitter, el Team Poetero, creada en 2013, con más de 30.000 seguidores, y que publica cuatro o cinco poemas cada día”, refiere Ricardo Ramírez, director de la fundación.

En 2016, lanzó el concurso de poesía joven y en 2018 inauguró la biblioteca, gracias en buena parte a donaciones privadas.

En medio de la más aguda crisis de su historia contemporánea, con hiperinflación, escasez de productos básicos y una emigración que no se detiene y supera ya los 3 millones de personas, en Venezuela quedan pocas librerías o tertulias.

“Nuestro mundo es este de la poesía, y llegó un momento en que se vio completamente abandonado, desde principios de esta década. Todo cesó y de repente nos encontramos en un desierto”, dice Ramírez, profesor de literatura y librero.

“No hay libros”

El Producto Interno Bruto de Venezuela se ha contraído 50% desde 2014. Con pocas divisas disponibles, la importación de medicinas o de alimentos ha caído en picada. Y más aún las de libros o papel.

“No hay libros de Rafael Cadenas (el más reciente Premio Reina Sofía) en Venezuela, no hay libros de Rómulo Gallegos, no hay libros de nadie en estos momentos fuera de lo que pueda haber quedado en el almacén de Monteavila Editores o de Biblioteca Ayacucho”, indica Ramírez, en referencia a las que fueron las dos grandes editoriales del Estado.

Este país tiene problemas mucho más graves. Pero nosotros no somos médicos, no somos enfermeros, no somos abogados, nosotros estudiamos literatura. La poesía es la memoria de los pueblos y nosotros nos proponemos mantener viva esa memoria”, asevera.

En su biblioteca, además de los autores clásicos y contemporáneos de la poesía venezolana, se encuentran libros de los polacos Wislawa Szymborska y Adam Zagajewski, o del serbio-estadounidense Charles Simic.

Donar para el futuro

Con un presupuesto anual de 10.000 dólares que aporta el presidente y mecenas de la fundación, Marlo Ovalles, un amante de la poesía que se desempeña en el mercado de capitales, las donaciones han sido fundamentales.

Alfredo Chacón, poeta venezolano de 81 años, hizo la donación inicial, procedente de su biblioteca personal, con un sentimiento casi paternal hacia los libros.

“Los libros han sido una pasión absoluta y central en mi vida, leerlos y tenerlos como compañía. Pero llega un momento en que todo ese cúmulo maravilloso empieza a ser sentido en peligro, como que necesita que alguien le cuide su futuro”, explica Chacón, satisfecho de verlos ahora en los estantes de La Poeteca.

“La poesía es el más menesteroso de los géneros culturales. Pero este endurecimiento terrible de las condiciones de vida en Venezuela no ha hecho ni disminuir ni entristecer el mundo de lo poético, al contrario, se dan muestras de nueva sintonía entre los poetas y la gente”, asegura.

AFP

Alberto News

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