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Las estimaciones sobre el éxodo venezolano podrían quedarse cortas

Las proyecciones más conservadoras apuntan a que para finales de 2019 más de 5,3 millones de venezolanos habrán dejado su territorio, y que superarán los ocho millones en 2020, porque incluso si se llegara a producir un cambio político en Venezuela que dinamice la necesaria e impostergable recuperación económica, los venezolanos seguirán migrando por un tiempo

“Cédula, pasaporte, visa, pasajes, constancias de trabajo, título y certificaciones de estudio, documentos civiles, objetos personales, artículos de aseo, ropa, zapatos, accesorios, laptop, libros, teléfono, cargador… Está listo. Hecha la maleta, arreglado el bolso”. Más o menos este fue el checklist de los venezolanos que dejaron el país en 2015, casi 700.000, según cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

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Para ese año, las cifras oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) daban cuenta del franco deterioro de la economía: 108,7 % de inflación acumulada hasta septiembre, con una tasa anualizada de 141 %. Los especialistas apuntaban que el índice era de más de 300 % y el fantasma de la hiperinflación amenazaba. La contracción económica era de 6,5 %. Este menoscabo de la situación económica del país y las poco optimistas perspectivas para el futuro señaladas por los expertos fueron algunas de las principales causas del inicio de la oleada migratoria. “La salida es Maiquetía”, se decía entonces.

Tres años y seis meses después, más de cuatro millones de personas han dejado el país, por aire, tierra e incluso en balsas. El escenario es desesperanzador. El éxodo puede agudizarse aún más y generar mayores restricciones para el ingreso de los venezolanos en los países de la región. Hasta ahora estos han sido bastante receptivos, pero ya presentan dificultades para la atención adecuada y la posible incorporación a la sociedad de los miles de migrantes que han llegado a sus territorios. Se empiezan a levantar barreras diplomáticas y a filtrar la llegada de la diáspora.

En tanto, entre exigencias de cambio de modelo y acusaciones políticas sobre la responsabilidad de la debacle del país con las mayores reservas de petróleo del mundo, abundancia de recursos hídricos y minerales, con todavía un excelente capital humano, Venezuela se empobrece, y la salida de venezolanos se incrementa. Solo a Perú llegaron más de 9.000 en un día, el viernes 14 de junio, en víspera de la entrada en vigencia de la visa humanitaria.

Estimaciones apocalípticas

Datos recientemente publicados por el BCV hablan de una inflación acumulada entre enero y abril de 1.047 % y una contracción económica de 15,7 %. No obstante, algunos expertos independientes hablan de cifras maquilladas y de índices más altos, con estimaciones de inflación de 10.000.000 % para finales de año y una contracción de más de 60 %, el más estrepitoso derrumbe económico registrado en los últimos 45 años en cualquier país.

Sin mediar un conflicto bélico, las estimaciones de crecimiento de la migración venezolana, de continuar la crisis económica, apuntan a alcanzar e incluso superar el desplazamiento causado por la guerra civil en Siria en seis años, unos 6,3 millones de ciudadanos.

Las proyecciones más conservadoras apuntan a que para finales de 2019 más de 5,3 millones de venezolanos habrán dejado el país, y que superarán los ocho millones en 2020, porque incluso si se llegara a producir un cambio político en el Venezuela que dinamice la necesaria e impostergable recuperación económica, los venezolanos seguirán migrando por un tiempo. Solo en siete meses, de noviembre de 2018 a junio de 2019, al menos un millón de personas dejaron el país. “Las salidas continúan creciendo sin parar”, apunta Acnur.

Sin embargo, para el gobierno de Nicolás Maduro, la agencia de la ONU solo busca “obtener recursos utilizando la migración económica y confundiendo a la opinión pública”, como señaló su ministro de Exteriores, Jorge Arreaza, luego del último balance de migrantes y refugiados difundido por el organismo. Según apuntó, vía Twitter, todo se reduce a una “política intervencionista”.

Las salidas continúan creciendo sin parar, dice la Acnur. Foto: EFE

A menor producción mayor migración

Un estudio del Instituto Brookings con sede en Washington, titulado ¿Cuántos migrantes y refugiados más podemos esperar?, que construye una herramienta para medir los factores que determinan el ingreso económico de Venezuela, la capacidad de alimentar a todos los venezolanos y estima el impacto en la migración, concluye que la situación “es tan crítica que todos los recursos disponibles que fluyen en el país simplemente no son suficientes para importar todos los alimentos necesarios para complementar las necesidades nutricionales básicas de los venezolanos viviendo bajo la línea de pobreza”, por lo que “las personas cuyas necesidades calóricas mínimas no pueden satisfacerse bajo estas dinámicas, eventualmente se verán obligadas a migrar”.

La herramienta diseñada por Dany Bahar, experto en Desarrollo y Economía Global, y Douglas Barrios, investigador en Desarrollo Internacional, muestra que “la situación puede empeorar rápidamente”. Aseguran que un descenso de la producción petrolera, por debajo del millón de barriles por día, podría disparar el número de migrantes y refugiados a más de 10 millones.

La Oficina de Información de Energía de Estados Unidos asegura que la producción petrolera mermará hasta finales del 2020. Foto Archivo El Pitazo

La investigación se realizó en noviembre de 2018, cuando la producción estaba en 1,17 millones de barriles por día (bpd) y el precio del mercado era de 54 dólares por barril. Las cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) en marzo de este año, sobre fuentes secundarias, arrojaban que el declive en la producción de crudo venezolano alcanzó los 732.000 barriles diarios, 268.000 unidades por debajo del millón. Según Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la producción diaria era de 960.000, también por debajo del millón. La Agencia Internacional de Energía alertó sobre el colapso de la industria.

Y es que la producción petrolera ha tenido una caída intermensual acelerada y continuada desde 2015, cuando se inició la crisis migratoria. Venezuela pasó de ser el tercer país productor de la Opep al décimo lugar. Y la Oficina de Información de Energía de Estados Unidos asegura que la producción mermará hasta finales del 2020. El desplome ha sido inversamente proporcional al incremento de la migración. El descenso de la producción en los últimos tres años es de más de 1,8 millones de bpd, mientras el incremento de los desplazados venezolanos es de más de 3,3 millones.

Crisis, en las cifras y en las calles

Aun en el entendido de que hay multiplicidad de factores implícitos en la migración y que los autores del estudio reconocen la simplicidad de su herramienta, no sería descabellado esperar un mayor éxodo que el estimado. Quizá no se alcancen los 10 millones de migrantes, pero las proyecciones podrían quedarse cortas. El checklist de salida de los venezolanos en 2019 parece haberse reducido a la cédula, el cepillo de dientes, la muda que llevan puesta y muchas ganas de sobrevivir. No hay tiempo para preparar la huida.

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Las cifras de la contracción económica ya hablan de 19,9 % en el primer trimestre de 2019. El BCV cifró la caída de las importaciones en casi 80 % y el descenso de las exportaciones petroleras en 68 % desde 2012. Todo ello se traduce en que el Estado tiene cada vez menos capacidad para enfrentar la difícil situación económica, y la situación se vuelve más crítica con la entrada en vigencia de las sanciones a Pdvsa y el BCV impuestas por Estados Unidos, sin contar con que India, una opción para el crudo que se vendía a Estados Unidos, también suspendió sus importaciones.

La escasez abunda en todos los órdenes y sectores. Las protestas y demandas también. Foto: Archivo El Pitazo

El gobierno de Nicolás Maduro ha pretendido eludir su responsabilidad en el tema económico después de reiteradas y fallidas medidas, iniciativas y políticas erradas. El gobernante atribuye la crisis a una supuesta guerra económica de parte de sectores políticos, económicos y financieros de derecha, tanto nacionales como extranjeros, en un primer momento; y luego a las sanciones aplicadas por Estados Unidos, primero a funcionarios de su gobierno, y después a empresas e instituciones del Estado para presionar cambios en el país, incluida su salida del poder.

Pero más allá de las estadísticas y sus causas reales o probables, la crisis se siente y se vive en las calles. Pobreza, hambre, desnutrición; escasez de artículos de alimentación; escasez y fallas en los servicios públicos, tales como gas, electricidad, agua, transporte; falta de medicinas, suministros y equipos en hospitales, ambulatorios y centros de atención médica; inseguridad; escasez de efectivo; hiperinflación; pérdida del poder adquisitivo; deterioro de las infraestructuras viales, red de cloacas, edificios, parques; escasez de gasolina; colas, deterioro del parque automotor; falta de repuestos, cauchos y fluidos… Y la lista no termina, pero abunda la escasez en todos los sectores y las protestas y demandas también.

Éxodo, economía y política

La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) tendrá el tema de Venezuela en agenda durante su reunión anual en Medellín entre el 26 y el 28 de junio. Allí, el coordinador de este organismo para los migrantes y refugiados venezolanos, el venezolano David Smolansky, presentará un informe más detallado de la crisis migratoria y su impacto en el continente, para lo cual realizó una gira por los diferentes países receptores del éxodo.

Previamente, en marzo, el secretario general de la organización, Luis Almagro, presentó un primer balance al Consejo Permanente. Para ese entonces contaban 3,4 millones de migrantes venezolanos. La llegada de la diáspora representa un reto más para los países de la región, pues estos tienen sus propias realidades, dificultades, carencias y necesidades. Es en América Latina y el Caribe donde se concentra la mayor parte de la diáspora venezolana.

OEA
La OEA tratará la crisis en Venezuela y Smolansky presentará un informe sobre la crisis migratoria. Foto: Twitter @USAenEspanol /Archivo

Sin cambios significativos que puedan revertir la crisis económica, política y social en Venezuela, el número total de migrantes y refugiados podría llegar a estar entre los 5,39 y los 5,75 millones a finales de 2019″, dijo Almagro.

La comunidad internacional busca aportar soluciones, construir consensos para dar respuesta a la crisis migratoria. Existen iniciativas de cooperación internacional, donaciones, aportes de presidentes de Gobiernos y jefes de Estados, para ayudar a las naciones receptoras a enfrentar la ola de migrantes y refugiados, que crece conforme se profundiza el declive económico en Venezuela y se agudiza la crisis política.

Sin embargo, los aportes serán insuficientes si no se resuelve el problema de raíz, estructural, y persiste la salida de venezolanos del país. En este sentido, indefectiblemente, todos coinciden en que la mayor causa del éxodo es económica, y la salida del desplome pasa por un cambio político.

 

Con información de El Pitazo
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